EDUCANDO CON EL EJEMPLO: CONCIENTIZACIÓN DE LA VIDA SILVESTRE

Como bien se sabe, hace miles de años, las generaciones primitivas no se preocupaban de la conservación de la vida silvestre, entendiéndose a esta como la regulación de animales y plantas salvajes para permitir su continuidad como recurso natural. A pesar de que los antiguos pobladores dependían directamente de ella, luchaban contra la naturaleza por su existencia. Dicha situación fue cambiando a través del tiempo, el hombre fue tomando conciencia de que el uso excesivo e incontrolado de los recursos naturales puede llevar a su extinción y, por tanto, también a la extinción de la propia especie humana.
Sin embargo, aún hasta el día de hoy, esta toma de conciencia es inconsistente y de forma irregular en la población mundial. Algunos países, han dado mayor importancia al tema, formando organizaciones, implementando programas y campañas, todo en pro de la conservación de la naturaleza, así como también han establecido enérgicas penalidades al maltrato de la vida silvestre, educando de esta manera a su población. Otros países, en cambio, han sido más contemplativos, y han mostrado un mayor interés por el uso comercial y recreacional de algunas especies, lo cual ha fomentado en su población una actitud de despreocupación al respecto.
En ocasiones, felizmente poco frecuentes, cuando he visitado los zoológicos limeños, he podido observar que algunos niños se aproximan a los animales, en presencia de sus padres, para “invitarles” las golosinas que ellos están disfrutando, sin que dichos padres detengan al menor ni le adviertan que el hecho de darles alimentos diferentes a los que consumen en su dieta, podrían causarles serios problemas de salud e incluso la muerte. Asimismo, he sido testigo del maltrato que algunos adultos y menores de edad suelen hacer a estos animales, como el “picarles con palos”, “tirarles piedras o desperdicios” con el absurdo y absolutamente cuestionable argumento de “querer despertarlos para que hagan alguna gracia”. Esto evidencia claramente el escaso respeto por la vida silvestre y la falta de crianza en el valor de la convivencia, que hay en algunos habitantes de nuestro país.

Algunas sugerencias a los padres

Faciliten la vinculación del niño con la naturaleza. Que observe lo que hay en su entorno: diversidad de plantas, aves, insectos, perros, gatos, entre otros; podrían describir sus características principales para, luego, comprender su forma de vida y sus necesidades.
Familiaricen al menor con el ciclo de vida de las plantas. Para ello, hágalo partícipe del cuidado de una planta. Siembren algunas semillas para que descubra cómo nacen y crecen y, además, conozca las necesidades que las plantas tienen como seres vivos.
Visiten reservas naturales, zoológicos y parques botánicos, disfruten juntos de la vinculación con la naturaleza, y aprovechen la oportunidad para enseñarle al niño a cuidarla.
Fomenten su cariño por la naturaleza sin correr riesgos. Enséñenle las precauciones que debe tener en cuenta al aproximarse a algunos animales como las abejas, arañas, escarabajos; así como hacia algunas plantas. Nunca debe ingerir ciertos frutos ni llevarse las manos a los ojos después de tocarlos.
Sensibilicen al menor sobre el cuidado de la vida silvestre, contándole experiencias en las cuales se haga evidente la influencia de la contaminación, el maltrato y el uso indiscriminado de los recursos naturales.

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