LA LITERATURA Y LAS EMOCIONES

Por Bertha Consuelo Navarro

 El asombro de nuestros antepasados más distantes frente a la naturaleza, la vida, el cosmos e incluso ante sí mismos dio lugar a respuestas maravillosas y creativas que hoy llamamos literatura. La emoción que produce lo desconocido alentó los primeros mitos, así como las estrellas alentaron los esfuerzos por desarrollar una teoría cosmogónica plagada de dioses y magia. La literatura es, pues, creación humana que trasluce las emociones, los afectos y las creencias de sus autores.

Hay quienes afirman que la literatura es un producto cultural, ya que en sus textos, orales o escritos, se identifica el entramado ideológico de un grupo humano. Efectivamente, es un producto cultural; pero es también mucho más: es emoción y afecto hecho palabra, es texto que suscita emociones y sentimientos. De allí que los textos literarios se deban integrar al mundo escolar como dinamizadores de la ansiada educación integral.

La literatura y las emociones son parte dinámica de la educación integral porque coadyuvan a desarrollar y fortalecer la subjetividad del ser humano. Y es justamente ese mundo subjetivo, pleno de afectos y emociones, el que sirve de andamiaje para suscitar la conciencia del yo, del otro y del nosotros, así como para la internalización de valores.

Diversos estudios de la psicología contemporánea, lejos de entender al ser humano solo desde una arista conductual o cognitiva, explican que es la dimensión subjetiva y emocional de las personas lo que las mueve a la acción y se constituye en la base y el soporte de la motivación intrínseca. Recordemos que un principio de la educación integral es formar seres autónomos y que para desarrollar tal autonomía son requisitos indispensables la valoración del sí mismo en un contexto social y la capacidad de gestionar su propio mundo interno, mundo del que forman parte los afectos y los sentimientos.

Por ello, dentro de la propuesta de animación a la lectura de Alfaguara-Santillana, se socializan estrategias y recursos que articulan tanto la efectividad lectora, es decir, la comprensión de textos literarios, como la afectividad que estos generan
a partir de la interacción del texto mismo con la experiencia del lector.

Abramos textos literarios en nuestras aulas para volver a reír, para llorar, para soñar, para fortalecer nuestras seguridades y, como en el principio, para volver a asombrarnos y hacer de la experiencia educativa una plena experiencia humana.

20150112_101258

Fuente: colgadodelalectura.com

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s