Yo quiero, quiero y quiero…

¿Cómo manejar la Tolerancia y frustración en el niño?

Nos ha pasado muchas veces que estamos caminado en la tienda, absortos, escogiendo nuestro objeto de compra, cuando de repente de una forma abrupta somos interrumpidos por un sonido agudo, un chillido que cala nuestros oídos; pasan los segundos y sentimos que los decibeles van aumentando, obligándonos a girar para encontrarnos con una escena desgarradora: un niño gritando con sus ojos llenos de lágrimas. Y casi sin entender el porqué, logramos descifrar apenas algunas palabras: “Eres mala”, “yo quiero eso”, “porque no me lo compras”, “tú me prometiste”; en segundos nos convertimos en un adulto que juzga y piensa: “Qué niño para malcriado, engreído, ¿será que sus padres olvidaron enseñarle a no llorar por todo?”.
Frente a estos comentarios y severas miradas inquisidoras, los padres terminan avergonzados y sucumbiendo a las demandas de su pequeño. Esta acción viene siempre acompañada de frases que justifican tamaño proceder; y es así como los escuchamos decir: “Es mi hijo y si puedo se lo doy”, “se me rompe el corazón al verlo llorar así”, “mejor se lo doy, sino no va a parar de llorar”, “le tengo que dar todo aquello que no me dieron a mí”, “es que conmigo se engríe y como no estoy con él todo el día”… Encontramos, así, una lista de interminables justificaciones que nos permiten dar luz verde a ciertos “caprichos”.
Y no está mal el querer complacer, engreír e incluso el brindarles a cada instante un momento de felicidad; la dificultad aparece cuando nosotros les damos todo lo que podemos y hasta lo que no podemos para evitarles un mal momento o sufrimiento.
Existen varias maneras con las cuales un niño se vuelve poco tolerante:

  • Cuando los padres dan tantas caricias incondicionales y evitan a toda costa una experiencia de insatisfacción. De manera que el niño no puede nunca experimentar la pérdida de un juguete, de un juego, encontrar su torre de cubos derrumbada, ver a su amigo ganar la carrera o llegar último a la fila.
  • Es decir, si todos los deseos, necesidades e ilusiones son satisfechos al milímetro, la persona o en este caso el niño no tendrá el mayor registro o entrenamiento necesario de la frustración y bastará la mínima experiencia frustrante para sentirse desbordado. Sería sembrar en el niño una sensación de que se lo merece todo; y al no tenerlo, al percibir que le falta algo, generará emociones como cólera, miedo y tristeza, las cuales se representarán al mínimo estímulo.

¿Cuáles son las conductas que aparecen cuando un niño se siente frustrado?

  • Muchas, por ejemplo: aventar las cosas. Si vemos que un niño pierde en el juego y por ello tira las cosas, estamos frente a un niño poco tolerante, intransigente consigo mismo. Si está cortando un trozo de papel y siente que no puede, y entonces da paso al llanto acompañado de frases como “yo no puedo”, “yo no sé”, “hazlo tú”; estamos frente a un niño que se percibe poco eficaz, que se desespera por no poder hacerlo con inmediatez. Esta es la sensación que lo domina: la inmediatez; quiere las cosas para ayer… igual que algunos papás… exigen las cosas para ayer….
  • Bajo la visión del niño no dar paso a sus exigencias es injusto, porque un niño de 2 a 5 años siente que es el centro de sus padres; no sabe esperar porque no entiende el concepto de tiempo. Si los padres o las personas que lo rodean no le enseñan a esperar o en todo caso a ver que en ese determinado momento no puede realizar una actividad como patear perfectamente una pelota, el niño sentirá que no podrá hacer otras cosas. Aprenderá que “no puede” y crecerá con esa sensación de insatisfacción en su cabecita.
  • Un niño que en su clase de psicomotricidad no logra subir bien las escaleras de madera, rodar como sus compañeros; cuando siente que “no le salen las cosas igual que a los demás” y comienza a sentirse diferente, es probable que muy rápido se exalte y que para desviar las miradas hacia él porque “no puede”, opte por burlarse de su compañero o en ocasiones lo haga tropezar, o llegue a golpearlo.

¿Qué podemos hacer entonces para ayudar a nuestro hijo?

 

  • Sostener su cólera, sencillamente acompañándolo. ¿Y cómo? Acompañando su llanto, estar a su lado, permitir que llore para luego calmarlo y, mientras lo calmamos, explicarle que se puede arreglar, que podemos volverlo a intentar, que practicaremos hasta que nos salga lo que deseamos. No es un trabajo muy fácil, pero requiere únicamente de dos elementos: paciencia y amor.
  • Vuela, Lulú un hermoso cuento creado por Raúl Cragg nos muestra cómo una mariposa, que no podía volar; descubre gracias a su tenacidad, el acompañamiento y la confianza que deposita en ella su amigo; que sí es posible aquello que parece inalcanzable.
  • Describir y verbalizar la emoción que está sintiendo es otro paso que nos ayudará a que nuestro niño entienda que le está pasando. Explicarle por qué ha sucedido, abrazarlo, decirle que lo queremos y que vamos a solucionarlo, que cuenta con nuestro apoyo; todo ello alienta a los niños a hablar de la situación que le está produciendo su enojo; los niños de ésta edad comprenden qué es el enojo y otras emociones cuando el adulto se los explica o ayuda a poner palabras a aquella emoción que los perturba.
  • Hablar de las emociones, denominar cada una de ellas, ayuda a los niños pequeños a comprender sus emociones (Brown y Dunn, 1996).
  • Los maestros pueden imaginarse que habrá diferencias personales en la habilidad de los niños para reconocer e identificar sus sentimientos de enojo, porque las familias de esos niños tienen diferentes maneras de hablar y expresar las emociones.
  • Alentar a los niños a hablar de las situaciones que producen el enojo e involucrarse como padres les permitirá oírlos sin juzgar, evaluar o mostrarles las alternativas para que se sientan y perciban los hechos de otra manera (Denham, Zoller, y Couchoud, 1994).
  • Otra alternativa es apoyarnos en los títeres y de esta forma ayudarlos a expresar y describir lo que les pasa; incentivarlos a representar situaciones, leer cuentos que describan a través de las figuras cómo se van sintiendo los personajes, hacerles preguntas y buscar qué es lo que nuestros hijos están pensando; al descubrirlo, será mucho más fácil para nosotros, como padres, ayudarlos a cambiar o calmar los mensajes internos que el niño se da.

¿Qué pasa con un niño que crece sin esta tolerancia a la frustración?

  • Un niño que no desarrolla las habilidades emocionales para afrontar situaciones consideradas por él como “apremiantes” crecerá motivado por sus impulsos y frente a la primera dificultad desencadenará en llanto, abandonará la tarea y si alguien le da la contra, sentirá que lo están molestando; estas conductas no le permitirán adaptarse con facilidad a los cambios.

Fuente: http://www.colgadodelalectura.com

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